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viernes, 5 de mayo de 2023
LA ENCANTADORA FAMILIA BLISS - NOËL COWARD
En 1924, cuando Noël Coward escribe Hay Fever (que en España fue traducida como La encantadora familia Bliss), ya era autor de una docena de obras teatrales, muchas de ellas estrenadas, a pesar de que contaba tan sólo con 25 años.
Noël Coward nace en 1899. Es coetáneo de la española Generación del 27, por tanto; casi de la misma edad de Federico García Lorca, que nació en 1898. Por esos mismos años publican Alberti Marinero en tierra (1925) y Gerardo Diego Manual de espumas (1925). Es el año del Manifiesto del surrealismo, de André Bretón. Valle-Inclán, genial expresionista, publica la edición definitiva de Luces de bohemia en 1924, y a lo largo de la década compone lo que serán los esperpentos de Martes de carnaval (1930). De igual modo, Azorín se dedica estos años a ensayar un teatro vanguardista, englobado en la trilogía Lo invisible (1928).
Son los "locos años 20", de los que le queda ese espíritu rebelde y crítico con los convencionalismos sociales y morales que respiran sus comedias; espíritu, por otra parte, heredado también de Oscar Wilde o G. Bernard Shaw. El humor de Noël Coward, sin embargo, busca romper con la lógica, por eso aparecen en él situaciones rayanas muchas veces en el absurdo. En ese sentido es evidente la similitud de sus comedias con las de Enrique Jardiel Poncela, quien, en 1927, estrenaba en el Teatro Lara Una noche de primavera sin sueño, su primera comedia. Como Jardiel, Coward conoce a fondo la "carpintería teatral", es decir, la dosificación de los efectos dramáticos, la preparación de las situaciones, por inverosímiles y absurdas que parezcan; como él, practica un humor alejado de la farsa, basado en la agudeza y la situación insólita; y, como Jardiel, bajo la comedia late una visión crítica de la sociedad biempensante, contra la que se enfrentó en multitud de ocasiones por su homosexualidad.
Otras comedias célebres de Noël Coward fueron Vidas privadas (estrenada en 1930) y Un espíritu burlón (1941), basada en Un marido de ida y vuelta (1939) de Jardiel Poncela, que unos años antes había trabajado en Hollywood.
Hay fever se tradujo también como Fin de semana. Y de un fin de semana extravagante y febril se trata, en efecto. La familia de los Bliss la forman el matrimonio y dos hijos. El marido, David, es un mediocre escritor de novelas galantes; y Judith, la mujer, una actriz retirada de las tablas. Simon y Sorel, los hijos, viven una juventud frívola y bohemia. El fin de semana cada uno de ellos ha decidido invitar a alguien sin consultar con los demás. Por la casa van apareciendo el galán Sandy Tyrell, el diplomático Richard, la extravagante Myra y Jackie, una muchacha tímida e insulsa.
Hay fever fue estrenada en 1925, convirtiéndose en el primer éxito del autor. Ese mismo año se repuso, y desde entonces ha sido frecuentes los montajes. En España fue traducida y adaptada por Vicente Balart (fue publicada por la Editorial Escelicer en 1959) y estrenada en Barcelona y Madrid. Más recientemente, en 2000, ha sido adaptada por Jaime Azpilicueta.
En los años 90 tuve ocasión de realizar un montaje con mis alumnos, y puedo decir que es una de las obras que más he disfrutado. El movimiento, los equívocos, los juegos lingüísticos, la ruptura con las ideas rutinarias, crean una atmósfera de humor sutil y tolerante que aún hoy recuerdo.
Existe, asimismo, una versión televisiva de 1968, en el espacio Estudio 1:
El fragmento pertenece al primer acto. Judith y sus hijos se han disputado el cuarto japonés, única habitación de invitados de que dispone la casa, cuando David, el padre, zanja la cuestión al apropiárselo para su invitada.
El humor nace del comportamiento antinatural de Judith, que ve en todo una situación teatral. Como don Quijote transforma la realidad a la medida de los libros de caballería, Judith lo hace con el melodrama. Así, desorbita los sentimientos exageradamente, porque para ella la vida es una función de teatro. Es sintomático que diga, refiriéndose al combate de boxeo: "será preciso que asista a la primera representación". La comedia, por tanto, tiene una segunda lectura, como parodia del melodrama; procedimiento que llevó a cabo en varias ocasiones también Jardiel Poncela, por ejemplo en Angelina o el honor de un brigadier (un drama en 1880) (1934). Crítica metateatral, así pues, que recuerda inevitablemente a La comedia nueva (1792) de Moratín.
Los invitados, en ese enloquecido fin de semana, como si padecieran la fiebre del heno, van a ser sometidos sin piedad a esa distorsión de la realidad. Siguiendo con la similitud cervantina, los cuatro inocentes invitados entran en la casa de los Bliss como Sancho en el Palacio de los Duques, en el que todo es tramoya y fingimiento teatral. En el fragmento vemos cómo Sandy trata de seguir una conversación que una y otra vez se desvía hacia melodrama convencional.
(DAVID coge la taza de té y se dirige hacia la escalera.)
DAVID: No quiero que se me moleste. Estoy trabajando. (Se detiene.) Ah, Simón, escucha. En el tren de las cuatro y media llegará una señorita. Ocúpate de ella. Es algo tontita, pero es un tipo que me interesa estudiar de cerca. Sobre todo, sus reacciones en un ambiente familiar y acogedor. Dormirá en el cuarto japonés.
(Sale dejando tras de sí la muerte, el silencio y ta devastación.)
SIMON: (Tirando los almohadones al suelo.) ¡Al diablo con todo! ¡Estoy harto! ¡El Japón se lo queda papá!
SOREL: ¡ Esta vida es insoportable! Todas las veces que hago un plan, alguien me lo tiene que estropear. ¡Quisiera poder marcharme de casa!
JUDITH: (Melodramática.) Hija, tus palabras me parten el alma.
SOREL: No me fastidies, mamá. Déjate ahora de teatro.
JUDITH: (Igual.) Mis pequeños han cambiado desde hace algún tiempo. Es inútil que trate de ocultármelo a mí misma. Llega un momento en que hay que mirar la verdad cara a cara y aceptarla por cruel y amarga que sea. (Obligando a SOREL a sentarse a su lado en el diván.) Descansa tu cabeza en mi hombro, querida…
SOREL: (Gimoteando.) ¡Richard tendrá que dormir en “la caldera” y la tontita de papá se alojará en el cuarto japonés…!
JUDITH: ¡Primero tendrá que pasar por encima de mi cadáver!
SIMON: ¿Tienes algún plan, mamá?
(JUDITH le atrae a su lado. Forman un cuadro patético y encantador.)
JUDITH: Hijos míos, esta mañana he tomado una grave determinación.
SIMON: ¿De qué se trata?
JUDITH: (Tras asegurarse de que no hay oídos indiscretos.) ¡Vuelvo a la escena!
SIMON: ¡Sopla! Estaba seguro de que tramabas algo gordo.
JUDITH: No puedo consentir que mi vida se marchite inútilmente.
SOREL: Pero sé razonable, mamá. Te retiraste definitivamente el año pasado. ¿Cómo explicarás una vuelta tan imprevista?
JUDITH: Mi público, hija. Las cartas de mi querido público me obligan a regresar.
SIMON: ¿Y has recibido muchas?
JUDITH: Ninguna. Esto me ha decidido.
SIMON: ¿Has elegido obra para tu reaparición?
JUDITH: Repondré… “¡Amor pasional!”.
SIMON: (Echándose en el sofá, presa de un ataque de risa.) ¡Mamá, qué horror! ¡Me muero! ¡Sorel, dame masaje en el estómago! (SOREL obedece y, mientras, habla.) Papá se va a poner furioso. “¡Amor pasional!”…
JUDITH: Lo siento,pero es una decisión firme.
SOREL: La comedia es malísima, mamá.
JUDITH: Pero la protagonista tiene un papel de mucho lucimiento. Ese drama ha sido siempre uno de mis mayores éxitos cómicos. (Representando.) "¡Eres un loco ! ¡ Un ciego y despreciable loco ! ¡Crees que porque has comprado mi cuerpo, has comprado también, mi alma!" (Dirigiéndose hacia SIMON.) "Siempre soñé con un amor como el tuyo, pero nunca pensé que fuera tan hermoso vivirlo en la realidad." Esa frase, pequeños, no la he podido decir nunca sin que una lágrima asomara a mis ojos.
SIMON: Desde luego, el segundo acto es mucho mejor.
JuDITH: Es cierto. Sube a partir de la entrada en escena de Víctor. Sorel, haz un momento el papel de Víctor, ¿quieres?
SOREL: (Levantándose.) ¿Qué escena? ¿El final de acto?
JUDITH: Sí, recuerda... "¿Es un juego, señora?"
SOREL: (Yendo hacia JUDITH, con voz muy dramática.) "¿Es un juego, señora?”
JUDITH: ”Sí..., un juego que debe ser jugado hasta el final."
SIMON: (Levantándose y acercándose a JUDITH, también muy dramático.) "Sara, ¿qué quiere decir eso?"
JUDITH: ”Mis bellos sueños pisoteados, mis ilusiones destruidas..."
SOREL: (Colocándose en el centro.) Yo hago ahora de Jorge... "No comprendo... Tú y Víctor... ¡Dios mío!
(Acompaña la frase con un ademán trágico. SIMON imita el llanto de una criatura, en un aparte rápido.)
JUDITH: ”¡Silencio! ¿No es ése acaso el llanto de mi pequeña Pamela?"
SIMON: (Ferozmente.) "¡Déjala que llore! ¡Más llorará la pobre criatura, cuando sepa que su madre es una...!"
JUDITH: (Con un grito desgarrador.) "¡No lo digas! (¡Ya lo saben!)" (El timbre de la puerta de entrada, que ya sonó momentos antes, vuelve a oírse ahora con firme insistencia.) Dios mío... ¡Han llamado!
SOREL: Eso no es de la obra.
JUDITH: No; eso es del timbre. (SOREL busca un espejo para arreglarse. Aparece CLARA y se dirige a abrir.) Clara..., seremos ocho a la mesa.
CLARA: ¡ Dios nos asista !
JUDITH: Habrá que pensar también dónde alojar a toda esa gente.
CLARA: Por supuesto... ¡No van a dormir en el pasillo!
JUDITH: Sería una solución, bien pensado. Hay quien duerme de pie...
CLARA: Bueno, sois una familia de lo más fresco...
JUDITH: No seas gruñona, Clara.
CLARA: ¿Cómo no voy a gruñir con todo el trabajo que me espera? Ocho invitados de sopetón, Amy indispuesta..., sin comida suficiente... Es para volverse loca. (Vuelven a llamar.) ¡Ya les he oído, caramba! ¡Voy corriendo!
(Avanza lentamente hacia la puerta, refunfuñando. Abre. Aparece SANDY TYRELL, muchacho de rostro simpático y cuerpo musculoso. Abre y cierra mucho las manos, una contra otra como si estuviera ensayando un directo. Sale CLARA.)
SANDY: (Avanza hacia la señora Bliss.) Buenas tardes, señora Bliss... Le agradezco su invitación.
JUDITH: ¿Viene usted solo?
SANDY: (Sorprendido.) Sí..., claro.
JUDITH: ¿No ha encontrado a nadie en la estación?
SANDY: He venido en coche. Lo tengo ahí fuera…
JUDITH: No lo entre, por favor. No cabríamos todos. Permítame que le presente a mis hijos Sorel... Simon...
SANDY.-(Ofreciéndoleuna mano que SOREL ignora.) ¿Cómo está usted?
SOREL: (Fríamente.) Bien, gracias.
(Cruza por delante de él y se va por la escalera.)
SIMON: (Igual.) Suyo afectísimo.
(Desaparece también por la escalera. SANDY está estupefacto.)
JUDITH: Perdone a mis niños. Son locos, pero no peligrosos. ¿No trae equipaje?
SANDY: Lo tengo en el coche.
JUDITH: Déjelo allí por el momento. Clara está preparando el té. Después le buscaremos un rincón donde dormir.
SANDY: Esperaba con impaciencia el momento...
JUDITH: ¿De dormir?
SANDY: No; de encontrarme aquí.
JUDITH: Es un sitio encantador. Tenemos paisajes muy bonitos.
SANDY: Yo me refería al placer de verla de nuevo.
JUDITH: ¡Que galante, Sandy! ¿Quiere beber algo?
SANDY: No, gracias.. Estoy en período de entrenamiento.
JUDITH: ¡Qué interesante! Y en qué se entrena?
SANDY: Tengo un encuentro de boxeo dentro de quince días.
JUDITH: ¡Oh, será preciso que asista a la primera representación! ¡Qué emocionante verle sangrar con los labios partidos y la cabeza abierta... !
SANDY: (Sentándose en el sofá, al lado de ella.) ¡Qué hermosa es usted !
JUDITH: ¿De verdad lo cree? Perdone que mis hijos estuvieran groseros.
SANDY: Me asombra que tenga usted unos hijos tan crecidos.
JUDITH: (Rápida.) ¡Oh! Me casé muy jovencita y hoy en día, con las vitaminas, se consiguen prodigios.
SANDY: Es curioso. Nos presentaron la semana pasada y ya me parece conocerla de toda la vida.
JUDITH: Usted me gustó en seguida... Es un chico guapo.
SANDY: (Azorado.) ¡Oh, no, por Dios... !
JUDITH: Sí, sí. Espaldas anchas, caderas estrechas, piernas largas... : me gusta usted. Quisiera que David tuviera las caderas más estrechas. ¿Podría enseñarle a boxear?
SANDY: ¿Quién es David?
JUDITH: Mi marido.
SANDY: (Sorprendido.) ¡Ah!
JUDITH: ¿Qué le pasa? ¿No sabía que tengo marido?
SANDY: Imaginaba que su marido de usted... había muerto.
JUDITH: Todavía, no. Está arriba.
SANDY: La encuentro diferente hoy. Apenas la reconozco.
JUDITH: Es este sombrero de jardín. Me lo quitaré. Cuando usted llegó, me disponía a ir a cortar unas calceolarias.
SANDY: (Queno sabe qué son.) ¡Ah!
JUDITH: Adoro mi jardín. Es el descanso, la paz... Paso en él horas enteras..., entre crinoideas, clinopodios y escaramujos. ·
SANDY: Ah; ya entiendo. Son los nombres de sus perros.
JUDITH: No; de mis plantas. Ese ha sido siempre mi ideal. Hallar la tranquilidad en un rinconcito rústico y encantador..., lejos del mundanal ruido... ¿Me ha visto alguna vez en escena?
SANDY: Muchísimas veces. En “La dama de las camelias" estaba usted maravillosa. Fue durante la representación de esta obra cuando me enamoré de usted.
JUDITH: (Encantada.) ¿De veras?
SANDY: Sí. Interpretaba su papel con un ardor..., lo vivía con tanto patetismo...
JUDITH: (Tose varias veces.) Siga, siga.
SANDY: Me parece que voy a despertar de un momento a otro. Tenía tantas ganas de serle presentado a usted... Y ahora estoy a su lado y le hablo como si fuéramos viejos amigos.
JUDITH: Lo somos. Posiblemente, nos hemos conocido en otra vida. ¿Usted no cree en la reencarnación de las almas? Es una teoría apasionante.
SANDY: (Con admiración.') ¡Dice usted unas cosas tan originales!
JUDITH: ¿Usted cree? Deme un cigarrillo y pongámonos cómodos. (Estira las piernas en el diván. SANDY le da un cigarrillo.) Gracias. Estire también las suyas. (SANDY obedece. Están los dos cómodamente sentados espalda contra espalda, con sus piernas estiradas en los dos extremos del diván.)
JUDITH: ¿Sabe usted remar, Sandy?
SANDY: Me defiendo. .
JUDITH: Iremos en la lancha a pasear bajo la luna.
SANDY: ¡No me haga soñar!
JUDITH: ¡Qué idea me ha sugerido! Ese es un buen sitio para dormir usted.
SANDY: ¿Dónde?
JUDITH: ¡En la lancha! (Timbre puerta de entrada.) ¡Ya están aquí!
SANDY: ¿Espera a alguien más?
JUDITH: ¿Si espero...? Usted no sabe.
SANDY: Me aseguró que sería un fin de semana tranquilo, que estaríamos solos...
JUDITH: Me engañé. Será un fin de semana de lo más movido.
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